Discurso de Ninfa de Afemtras el 17 de Diciembre de 2016

26.08.2018

El 17 de diciembre es el día internacional contra la violencia a las trabajadoras sexuales. En esta fecha, en 2016, Ninfa, miembro de Afemtras, daba a conocer la situación de las trabajadoras de Villaverde a raíz de la aplicación de la ley mordaza. Aquí transcribo su discurso.

La Agrupación Feminista de Trabajadoras Sexuales, Afemtras, es un grupo conformado por mujeres cisexuales, trans y travestidos que nos dedicamos por decisión propia al trabajo sexual en la zona del polígono de Villaverde en Madrid. Este grupo de muy poco tiempo de creación se conformó como una respuesta de reacción ante los ataques institucionales que hemos venido soportando desde hace muchos años las trabajadoras sexuales que realizamos la actividad en el espacio público.

A principios de la primavera del año pasado, en el 2015, el Congreso Nacional, liderado por esa presionadota fuerza política, que es el Partido Popular, aprobaba la ley de seguridad ciudadana, más conocida por todos como la ley mordaza. En el polígono de Villaverde de Madrid, al sur de la ciudad, esta aprobación se recibió con mucha satisfacción y regocijo desde una muy conocida por todas Unidad Móvil de la policía de la UCRIF; conocidos por todos por su peculiar trato hacia las trabajadoras sexuales de la zona. "Por fin os puedo echar. Sabéis que, con la nueva ley, aquí no os podéis parar. Personalmente me encargaré de echaros de aquí".

Esto se parecía más bien a un hincha deportivo clamando por la victoria y los goles que nos habían metido, antes que un miembro respetable de la unidad que acabo de mencionar... El desconcierto de algunas compañeras era tan grande, debido a su desconocimiento informativo...

Anteriormente, el ayuntamiento de Madrid, con la señora Botella en funciones, ya preparaba una normativa municipal que también nos iba a afectar negativamente y que no salió adelante precisamente porque esta ley de seguridad ciudadana ya se encontraba elaborando. A este desconcierto, previamente, un mes atrás, se sumaban las declaraciones que el ministro del interior de aquellos días había hecho: "Ejercer una presión insoportable sobre los clientes". Eso se notó: la presión policial hacia el trabajo sexual de la zona ya no era cosa de migración, como el control de personas en situación irregular. Los registros y filiaciones se empezaron a notar de manera constante. Más allá de si fuéramos regular, irregular, con DNI, NIE o sin él: excusas para hacer estas filiaciones, registros, sobraban. Desde denuncias y llamadas de vecinos, en prensa o, simplemente, controles rutinarios. Lo cierto era que nos encontrábamos ante un horizonte vacío, no por este hostigamiento en sí mismo, sino por una amenaza inminente que nos iba a golpear en el verano: la ley de seguridad ciudadana.

Compañeras -algunas de ellas, optimistas- lo resolvían en una migración a otras ciudades, sin saber que esto lo hacían a nivel estatal. Otras esperaban llegar el momento y ver y otras, sencillamente, se preparaban a la resistencia.

Con el insoportable hostigamiento sufrido desde el inicio de la primavera, hubo una relativa calma a finales de la misma y, ya entrado el mes de mayo. Aparentemente, esta calma se rompió una mañana del 28 de julio. Mis compañeras empezaron a ser multadas; en nuestros teléfonos empezaron a sonar los mensajes de todo tipo. Los mensajes de what's app empezaron a intercalarse junto con fotos de unas papeletas rosadas, a las cuales habían denomindo "multas". Compañeras pidiendo explicaciones sobre lo que estaba sucediendo; otras preguntando sobre lo que había que hacer. Desde el Colectivo Hetaira ya se nos había anticipado de lo que podía ocurrir con la ley a partir del primero de julio, fecha en que entraba en vigor. Lo que no se sabía era cómo la iban a ejecutar.

En aquella mañana se nos ocurrió acudir precisamente al Colectivo. Algunas también pensaron en Cogan y, así, empezamos a facilitar los números de teléfono unas a otras para ir recabando esas famosas multas y hacérselas llegar en este caso a Hetaira. Por la tarde, la cosa fue incendiaria: en una esquina del polígono, había una decena de compañeras agrupadas, siendo multadas aquella tarde, amonestadas, cuestionadas por las vestimentas... Y digo porque, en esta parte de la tarde, yo ya estaba presente en el sitio. "Míreme, señor, estoy como para que me lleve a un hotel", decía muy molesta la compañera Beyoncée. "No estoy desnuda". El agente le aplicaba en su acta el artículo 37.5. A otras, las sacaban del interior de un inmueble abandonado y el motivo de su acta era por ser un peligro para la seguridad vial. Cosas como éstas se dieron aquel día.

Los medios de comunicación sólo se hicieron eco del acta de una supuesta víctima de trata como "La primera prostituta multada por la ley". Nosotras brillábamos por la ausencia espectacular: una treintena en una tarde.

Mis compañeras, desde aquel día del intercambio colectivo de los números de móvil para gestionar las multas, ya se encontraban en un grupo de what's app y reaccionaron muy indignadas ante aquellos titulares. Indignadas porque una asociación que nos besaba las mejillas cuando nos proporcionaba un par -entiéndase: un par literal- de preservativos era recibida por la alcaldesa Carmena, donde precisamente sabíamos que nosotras no íbamos a ser el tema a tratar. Todo ello, por ser mujeres libres, por ser unos coños insumisos, por no ser perfil de víctimas de trata.

Las putas, durante la campaña electoral, estábamos muy ilusionadas con la campaña de Ahora Madrid. Hallamos votos entre nosotras, hallamos votos entre nuestras amistades, familiares... Esperábamos ser recibidas. Como muy pronto, esperábamos ser recibidas a la llegada de las vacaciones, pasado el mes de agosto. Estábamos a principios, entre el final de julio, comienzos de agosto y, como mucho, esperábamos ser recibidas a la vuelta de vacaciones. Aquello nos hizo sentir la necesidad urgente de querer hablar por nosotras mismas. Hetaira llevaba un par de décadas luchando por nuestros derechos. Nosotras debíamos empezar a romper el estigma y a dar la cara y una mañana de principios de agosto reventamos su sede. Nos facilitaron su espacio para acogernos y decidimos crear una agrupación que nos identificara y nos diera voz. Recogimos un centenar de firmas entre nosotras, las que trabajamos en la zona, declarando y reconociendo ser mujeres libres; por decisión propia, trabajadoras del sexo. Así nació lo que en octubre dimos a conocer públicamente, con mucho orgullo, Afemtras: la Agrupación Feminista de Trabajadoras del Sexo.

Como Afemtras, estamos dando a conocer nuestra situación y nuestro descontento a medidas injustas, desproporcionadas e ineficaces. Ponemos el acento en las consecuencias negativas que la aplicación de las leyes injustas sobre nuestras vidas repercute. Asistimos asombradas e indignadas al descrédito que se hace de nuestro oficio y a la perversión que supone confundirla intencionadamente con la trata de personas. Realizamos campañas de limpieza en la zona y demás acciones, pese a los acuciantes hostigamientos que soportamos y que no han cesado hasta la actualidad: "Vete a zorrear a tu país", "Con Franco esto no pasaría", "Os voy a llevar presas", "A limpiar escaleras", "¿Qué dirán vuestros hijos?".

Muchos despropósitos como éstos, ya los dimos a conocer días atrás, en una rueda de prensa. Todo esto lo saben también asociaciones que trabajan con prostitución, lo sabe Delegación del Gobierno, lo sabe Ahora Madrid, lo sabe el PSOE de Madrid... "Ustedes nos multan por putas". Ésa fue la frase que una compañera le dijo al agente de siempre, de la unidad de la UCRIF, cuando éste le prohibía pararse en su sitio habitual. Estamos hablando de una parte alejada de la propia zona de vecinos. Que se moviera de ahí. "No os quiero ver por ningún lado. Las multo si las veo parar aquí". ¿Y por qué? La prostitución no es ilegal aquí, en nuestro estado de derecho. "Cada vez nos da órdenes diferentes", cuestionaba una compañera a las órdenes del agente. Y esto fue la tarde previa a la última rueda de prensa ofrecida. Ante el cuestionamiento de la compañera montando en cólera, espetó: "Pues id a denunciarme a un juzgado. Id a Plaza Castilla. Haced lo que os parezca".

¿Qué hace que la calle sea una causa de lucha, por no renunciar a ella? Esta pregunta nos la hacemos todas y todas tenemos diversas razones para optar por la prostitución como medio de trabajo y todas coincidimos en esto: dentro de las condiciones de precariedad en las que nos encontramos, las limitaciones propias del espacio público, tenemos y gozamos de una cosa que se llama LIBERTAD. Libertad de horarios, flexibilidad en ellos. Nosotras decidimos la hora de llegada, la de salida, los días que laboramos, los días que libramos. Nosotras adaptamos a nuestras necesidades el tiempo que dedicamos a nuestro trabajo porque, aunque le pese y a quien le pese, es nuestro trabajo. Las asociaciones que trabajan con nosotras, por ideología, estén a favor o no, nos lo escuchan decir y repetir de nuestras propias bocas: "¿A qué hora vienes a currar?", "¿Qué tal el curro?"; sobre el espacio público: "¿Vienes a la oficina?" y, así, cosas por el estilo. Lo saben perfectamente: es nuestro trabajo.

La calle nos permite la libertad que no tenemos en locales, clubes, etcétera. Atribuimos eso también a la falta de reconocimiento de derechos. Esto no significa que no haya compañeras que se sientan cómodas en esos sitios porque, en realidad, somos todas distintas, pero cada una sabemos que, en la calle, autogestionamos nuestros servicios, sin la presión sobre el uso del preservativo que se suele pedir en muchos de estos locales, normas de las que se prescinde. En la calle, mientras nosotras seamos mujeres mayores de edad, no hay límites de edad, algo que sí deciden los empresarios, que deciden el techo de edad apto para trabajar en sus locales. Una mujer de 25 años ya está fuera del canon ofrecido por ellos. En la calle hay diversidad de géneros, diversidad de servicios tocante al trabajo sexual: algo que no contemplan ellos. Y no pretendemos, con esto, demonizarlos. Simplemente reivindicamos que cualquier mujer que quiera trabajar en estos sitios tenga derechos laborales reconocidos.

A nosotras, por nuestra parte, se nos asocia con la droga, la delincuencia y el estado de suciedad de la zona, cuando con estas cosas sólo tenemos una cosa en común, que es compartir la calle. Nosotras, desde Afemtras, hemos denunciado la falta de papeleras en la zona. Nosotras mismas hemos autogestionado poner, en cada parte donde nos paramos, bolsas de basura, ya que la existencia de la papelera brilla por la ausencia en la zona. Hemos denunciado acciones de los escombreros, hemos realizado campañas de limpieza, hemos adquirido normas de limpieza.

Somos molestas por ser la parte visible y más vulnerable de la prostitución pero, sin embargo, no somos el problema, sino parte de la solución. Por ello, demandamos un sitio donde podamos trabajar sin molestar ni ser molestadas. Defendemos esto con denuedo: la organización de espacios, porque sabemos autogestionar nuestro trabajo. Un espacio libre de estigma, un espacio libre de leyes mordazas, donde la policía garantice la integridad y el derecho de ciudadanos: de todas y de todes. Muchas gracias.