Discurso de Marcela de Afemtras en la rueda de prensa de diciembre del 2016

26.08.2018

Ante el acoso policial sufrido desde la ejecución de la ley mordaza, mis compañeras, las Putas Feministas del polígono de Villaverde, decidieron dar una rueda de prensa en la que explicaban los diferentes abusos y vejaciones sufridos. Aquí transcribo el discurso de Marcela. Si quieres oír el resto de la rueda de prensa, está incluida en este artículo: https://cartas-desde-shimabara.webnode.es/vanesa-campos-o-la-condicion-puta/

Buenos días. Hace aproximadamente un año, nos dimos a conocer públicamente. Somos la Agrupación Feminista de Trabajadoras Sexuales: Afemtras, conformada por un grupo de mujeres cisexuales, trans y travestidos, que nos dedicamos por decisión propia al trabajo sexual en la zona del polígono de Villaverde de Madrid.

Elegimos este nombre para destacar que las prostitutas somos mujeres valientes, autónomas, con poder y, sobre todo, capaces de enfrentarnos a la mirada de quienes nos desprecian por ser prostitutas. Se nos estigmatiza, criminaliza, a quienes ejercemos en espacios abiertos. Somos las culpables de todos los males. Nos asocian a la delincuencia y a la decadencia de todas las zonas, sin considerar que realizamos un trabajo honesto.

    Fotografía de las Trabajadoras Sexuales de Afemtras realizando labores de limpieza y mantenimiento en Villaverde

Lo hemos dicho muchas veces: somos las primeras interesadas en mantener un buen ambiente. Las trabajadoras del sexo hemos adquirido un compromiso con normas y comportamientos como herramienta que nos permita desarrollar nuestra actividad, sin entrar en conflicto con nuestros vecinos y vecinas.

Fotografía de las Trabajadoras Sexuales de Afemtras realizando labores de limpieza y mantenimiento en Villaverde

Insistimos: no somos víctimas de trata, sino trabajadoras. La buena noticia hace un año fue que nos habíamos organizado para luchar por nuestros intereses. La mala noticia era que habíamos tenido que organizarnos para defender nuestros derechos, debido al abandono institucional que padecemos. La ley de seguridad ciudadana, más conocida como ley mordaza, que entró en vigor el primero de julio del 2015, penaliza tanto a clientes como a trabajadoras del sexo. Esta ley ha venido acompañada de consecuencias terribles para nosotras. Ejercer la prostitución no es un delito, pero la ley ha supuesto más estigmatización y criminalización; más hostigamiento y persecución: por pararnos aquí, por pararnos allá, desnudas, en bragas, vestidas, por nuestra vestimenta... Da igual cómo vistamos: cualquier escote, falda, pantalón corto, largo o ceñido al cuerpo... todo vale para justificar denuncias impuestas por ciertos agentes del grupo 11 de la UCRIFD: tanto si vamos vestidas como si no, si nos encuentran en la acera, si estamos hablando, si vamos en el coche con alguien, si estamos esperando el autobús para marcharnos, si estamos paradas o si estamos en sitios estratégicos de la zona realizando servicios.

Nosotras, las prostitutas, somos juzgadas en muchas ocasiones por los agentes como malas madres. Nos cuestionan con frases como "¿Qué dirán tus hijos?". Porque la carga moral está presente en el momento en que nos extienden las multas. Nos ordenan que nos situemos en ciertos lugares, con la garantía de que allí no seremos multadas, para más tarde multarnos igualmente. Nos mienten diciendo que han visto en su base de datos que no tenemos la documentación en regla y nos amenazan con no poder renovar la documentación. Nos vejan cuando nos rompen nuestros resguardos de documento de identidad, tirándonos los restos al suelo. Nos tiran los documentos de identidad a los pies para que tengamos que recogerlos del suelo, tras una identificación. "Vete a zorrear a tu país", "A España se viene a trabajar", "Con Franco no pasaría esto", "Os voy a llevar presas", "A limpiar escaleras". Si ven que es una mujer que ya tiene una edad, "¿Cuándo te jubilas?", "Las prostitutas en Marconi se van a acabar, porque a mí me da la gana", "Te voy a pegar dos hostias y, si no te gusta, vete a denunciar a Plaza de Castilla". Todas estas frases son -y muchas más- las que recibimos habitualmente todos los días, del grupo ya mencionado de la UCRIFD. "Vicente, te llamas Vicente. Búscate otra cosa, Vicente. Aquí no puedes estar, Vicente". Esto lo dicen si se trata de una mujer transexual que todavía está en su DNI el nombre masculino. "¿Cuál eran tus nombres de hombre, antes de operarte?". Nos mienten diciendo que necesitan saberlo para saber si tiene antecedentes penales. Estas vejaciones se dan pese a que la ley de transexualidad permite el cambio de nombre, aunque no haya reasignación de sexo en la persona transgénero.

Ni siquiera cuando estamos fuera de nuestra actividad las vejaciones terminan. En nuestra vida privada, cuando nos acercamos a la comisaría de Aluche para renovar nuestros documentos, en la fila de espera se nos ha identificado públicamente como putas, diciendo en alto: "Yo te conozco. ¡Ah! ¡Tú trabajas en Marconi!".

Aquí no se salva nadie. Ni el que vende los preservativos, pese a tener licencia comercial como autónomo. Ni la señora a quien compramos los bocadillos, ni quien nos hace de taxi. Todos son identificados de puteros, tratados como criminales. Violan nuestra privacidad constantemente. Nuestros datos personales son utilizados para rellenar las denuncias hechas contra nuestros clientes. Nos demandan nuestros números de teléfono en identificaciones rutinarias. Están constantemente realizando registros personales. Éstos se realizan sábados, domingos, festivos y a toda hora y, curiosamente, los mismos agentes de los días corrientes. Dicen: "Yo estoy haciendo mi trabajo", "Para esto estamos: para hostigaros. Y no descansaré hasta terminar con las putas". Pedimos que cesen el acoso y la violencia institucional que se está ejerciendo contra las trabajadoras en Villaverde. La persecución a nuestro colectivo no ayuda para nada en la lucha contra la trata: la fomenta. La persecución sólo lleva a la clandestinidad; la clandestinidad, al abuso; precariza nuestra situación y nos expone a más peligro. Tenemos que escondernos para realizar los servicios y tenemos menos capacidad de negociación: por preservativo, por los servicios, por el precio, etcétera. Porque estamos más pendientes de la policía y a su agresiva actuación, en vez de nuestra seguridad en el trabajo. La policía debería de preservar nuestra integridad como al resto de la ciudadanía.

Reiteramos nuevamente: ejercer la prostitución no es un delito. Somos las grandes ninguneadas del derecho, víctimas de la violencia institucional. Pedimos ser escuchadas. Pedimos el reconocimiento de derechos laborales, de nuestra actividad como un trabajo. Pedimos al Ayuntamiento de Madrid que nos tenga en cuenta. Pedimos una negociación de espacios para trabajar sin molestar ni ser molestadas. ¡Basta ya de los abusos policiales! ¡Basta de la ley de seguridad ciudadana! No existen malas mujeres: existen malas leyes. Gracias.